Hoy se conmemora tu 24 aniversario de ser una mujer ejemplar. Años de soportar el peso del tiempo y cargar con la inmensidad de cuatro vidas, distintas y originales, débiles y ansiosas por descubrir el mundo. Cada uno con sus particularidades y demandas diferentes para realizarse como personas.
Que gran trabajo has ido logrando, acompañando y guiando desde tu lugar querida madre. Has sabido estar siempre, cobijar y mimarnos, gritar, llorar y hablarnos en el silencio.
Desde chicos nos incursionaste en un mundo sin fronteras, que nos interpela día a día. Nos regalaste la fe, con la cual damos respuesta al desafío de afrontar nuestras incertidumbres y la sociedad. Así es que cada uno edifica su vida con una base amplia, sabiendo que si tropezamos contamos con tu abrazo que apacigua el llanto y reorienta en la conquista de un nuevo horizonte.
En tu habilidad de escucha y empatía, sos la precursora de la emoción. Con tu ser nos has enseñado a llorar riendo, a maravillarnos con la simpleza de lo pequeño, a tener sueños grandes - muy grandes -, a desafiarnos, a querer seguir creciendo, a no bajar los brazos porque lo mejor siempre está por venir. Nos diste cuatro letras y las transformaste en amor, lo vimos, lo vivimos y seguramente anhelamos repetirlo. Me diste a mis hermanos, los seres más geniales sobre la tierra y nos transformaste en una GRAN familia. Me diste nombre.
No puede haber expresión, no hay palabras para agradecer el significado de estar vivo, de pertenecer a una familia como la nuestra, de ser hijo. Gracias mamá por darnos las armas necesarias para conquistar la felicidad, por ponerte el traje de superhéroe y salvarnos de nuestras pesadillas, tormentos y peores enemigos. Gracias vieja por responder con tu experiencia de vida a cada duda, gracias mami por confeccionarnos las alas y enseñarnos a volar. Ojalá nos veas en el cielo alto como nos soñaste.
Te amo.
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