Hay un lugar irreal,
Que involucra dos momentos,
Sucedidos en el encuentro,
Donde dos historias abandonan la ficción,
Para transformarse en expresión.
Son dos túneles que se continúan,
Son ríos que confluyen,
Sin ser el pasado lo que los une,
Mas la casualidad que los amontona.
Se acercan y se rozan,
Se acarician y gozan,
Se chocan y tocan,
Con una suave violencia,
Que carece de inocencia.
O al menos es lo que aparenta,
Lo anticipa el letrero de la puerta.
Si es bueno hay sonrisas
Y perplejidad difusa.
Aunque en esto de los besos,
No hay nadie quién corrija,
La sensibilidad se manifiesta,
En el gesto que perdura,
En forma de cosquillas.

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