Suele ser algo raro lograr interpretar los sueños, aún más soñar en estos tiempos en los que -para algunos- el tiempo no alcanza y la vida es comparada con una pista de atletismo donde cada quien muestra sus destrezas para hacer todo en el tiempo estipulado por la sociedad.Estamos acostumbrados, o mal acostumbrados, a pretender más de lo necesario y cuando te das cuenta de que estás equivocado cuesta volver atrás, y probablemente encontrás otro camino por el cual escapar. Así evadimos las cosas logrando apetecer nuestros placeres sin arremeternos a superar errores, conocernos y enfrentar la realidad. Hacemos lo que nos piden: vaciar la naturalidad de la realidad, ocultando lo que no debemos.
Ponerse a pensar y ser analítico no logra compensar las necesidades básicas, es cuando das un vuelco rotundo que te vuelve a poner los pies sobre la tierra. Sin embargo esta condición tiene una bipolaridad, muchas veces afianza tu confianza en tu yo personal pero en otras te hace volver un centenar de veces sobre algo que prácticamente es innegable. Así es como volvemos a recaer en lo mismo promesas y un sin fin de ellas para no reconocer que necesitamos ser cariñosos, que muchas situaciones nos sobrepasan y que no tenemos la resolución racional que solo entendemos con nuestros sentimientos y se tornan sumamente difíciles de explicitar.
Soñando no se pierde nada, pero no se gana más que unos simples segundos de una realidad descontextuada donde abunda la realización de asignaturas pendientes.
Dejemos el juego y no esperemos más.

