23 diciembre 2010

Sing, da, da da da da da, di da da...



Hace tiempo hablé de la música, hace tiempo que no puedo vivir sin pensar en ella. Es claramente una parte de mí.
Es como el libro que se lleva adentro de la mochila, para desplegarlo en cualquier situación y remontarse a la historia, aislándose de la realidad para someterse a la aventura y la libertad de las palabras ordenadas en oraciones.
Es gozo, es placer. Es movimiento de aire de un lado a otro, que entra como agua en los oídos y se diluye en las arterias para recorrer todo el cuerpo. Libera que se yo qué a las células, pero todas bailan, todas se encuentran probando esa sustancia con sabor a éxtasis.
Llega a los dedos de los pies, se produce un cosquilleo una caricia que eriza y excita al mismo tiempo. Minutos después te encuentra moviéndote, a tu ritmo, pero bailando al fin. Estallan notas por doquier y vos bailando con las medias hasta la rodilla, todo es una veloz película muda.
Nadie habla, pero todos entendemos.