
En un pedestal de tiempo completo no sé que más decir. Tampoco sé si es por mi bien o qué. Sólo sé que me duele la cabeza y que no encuentro las palabras para expresarme por lo que solamente muevo los labios pretendiendo hablar.
Entiendo que tampoco es la solución eludir, pero si voy para adelante me encuentro en un pasillo lleno de timidez y telarañas, que al fondo tienen una puerta muy bien cerrada. Una puerta que es más alta que un elefante y más ancha que el Nilo. Una puerta tan impenetrable como el amazonas, secreta y resguardada.
