Ya no se sabe con que quedarse, la gente no confía más en la palabra, los valores se destruyen y la vida continúa. Ya no se sabe que hacer, la juventud no está perdida pero tampoco encaminada. No hay deseos de cambiar la historia ni tampoco de permanecer en ella. Ya nadie busca un cambio... todos estamos estancados en lo ordinario. Recurría a libros de historia y leía sobre las antiguas culturas y sus formas de revolución, en toda época había cosas que no concordaban con la realidad por lo que quienes no compartían con estas ideas totalitarias, se oponían y por sus medios luchaban por una alteración a estas restricciones. Algunos terminaban fusilados, otros colgados y quemados en la hoguera. No quiero ser fatalista, ni mucho menos asustar a la gente que tiene en sus venas la sangre que quema, que quiere modificar las variables. Lo que quiero decir es que a veces las ideas, a pesar de ser excelentes, llevaban a que la gente muriera por el simple hecho de defender la "verdad". Aún así hasta el final la convicción por sus pensamientos no trastabillaba por la idiosincrasia o hipocresía social. En este momento viene a mi mente la imagen de la película Corazón Valiente, en la que Mel Gibson siendo traicionado por sus propios aliados, antes de morir en la guillotina - habiendo sufrido torturas extremas - optó por morir, y lo que trajo esta muerte fue dignidad.