11 febrero 2010

Invicto.



William Ernest Henley escribió una vez:
“Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”

Es increíble como se puede hacer un resumen en tan pocas palabras. Justo en estas épocas donde las cosas son más bien complicadas, cuando la gran mayoría de los que vivimos fuera, queremos volver a nuestros hogares y los que no están en ciudades extranjeras igualmente pretenden un momento de paz llamado vacaciones.
El año nuevamente está volando, digo nuevamente porque no es nada fuera de lo común. La vida es tan corta, que cuando queramos recordar que fue lo último que estuvimos haciendo, va a parecer que todo pasó hace más de un año.
Las circunstancias son variadas, se empieza por estudiar e intentar dar lo mejor de sí mientras van fluyendo las pruebas. Así es que a veces ganamos y otras somos derrotados. Es también cuando se va perdiendo noción de los momentos en que somos acompañados por la suerte. No soy muy fanático del azar, pero debo mencionarlo y reconocerlo como un determinante de las consecuencias. Un maldito jugador que influye en cada una de nuestras acciones y que hasta me animaría a describirlo como un modificador del ánimo.
Aún así me tengo, te tengo y nos tenemos. Aunque sea por un instante estamos desenchufados del mundo externo y sólo existe una guitarra y nuestra voz para comenzar una revolución. Un acústico que cuenta de un único tema, un tema que sale a flote, de lo profundo a la superficie, una melodía que te hace oír tus pasos y tu respiración al ritmo de los latidos de tu corazón. Una canción que lleva como emblema, nunca, pero nunca… te des por vencido. Y aunque lo pienses una y otra vez la respuesta tiene que seguir siendo la misma, porque la diferencia entre bueno y excelente es el poder de la voluntad para levantarse. Y si existe dedicación y la meta es clara, lo único que no vas a encontrar son excusas.

“…Por eso es que algunos viven acordándose de dónde vienen y en realidad sólo necesitan saber hacia a dónde van.” José Ingenieros.

Invictus
"Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul.
"

Autor: Henley, William Ernest.

06 febrero 2010

El Principito

Desde que nacemos pareciera que nos tatuáramos un signo de pregunta en la cabeza. Así es como vamos creciendo. Crecer se basa en uno y otro problema matemático, en donde la x es la solución a nuestra inquisición, paradigma, incógnita.
Así es, corrida tras corrida, se van agregando fichas al rompecabezas. Nunca nadie encontró los bordes, nadie pudo armar el recuadro. Es más dicen que quienes más cerca estuvieron, terminaron en el lecho por alguna u otra cuestión enigmática. Grandes respuestas se gestaron a raíz del ensayo y error, otras fueron sometidas por la necesidad y las más culpables de todas terminaron en un ¿Por qué?. Dos signos y dos palabras que no cumplen con la regla.
En medio de la incertidumbre, nos hacemos hombres y mujeres. Acarreamos nuestros dilemas de niños al mundo de los adultos y entre el alquiler, la luz, el gas, la cuota del auto y llegar a fin de mes nos olvidamos de lo más importante, nuestra familia, nuestros amigos, sonreír, divertirnos, en definitiva nos olvidamos de ser felices. Nos deprimimos y nos volvemos ásperos, los problemas se adueñan del tiempo y poco a poco nos van comiendo minutos de vida.
No hay mejor evasión que sentarse a ver la tele o leer el periódico. Ahí volvemos a sumergirnos en las cifras, miles de muertos, subió el kilo de tomates, la leche cuesta $5. Nuevamente nuestras virtudes se centran en las estadísticas y nos seguimos olvidando. Poco a poco ya casi no tenemos memoria y dentro de todos los pocos recuerdos soñamos en que el tiempo pasado siempre fue mejor. Sin saber de donde proviene esta mejoría ya que nada es claro porque nuestro recuerdo se fue consumiendo en el entramado de preguntas, deseamos poseer más tiempo. Queremos descubrir la forma de que el día dure 24 horas más. Cifras y más cuentas... ya empezamos a decir si sólo tuviera un par de horas más haría esto y aquello sin siquiera mover un pie para que de la imaginación surja la realidad.
Nada sucede por generación espontánea, todo tiene un ciclo que comienza en un punto y termina en otro. Pero a lo que a mí respecta me gustaría encontrar la manera de volver a ser niño para desenlazarme de las preocupaciones, los peros y porqueses. Para volver a cuestionar a los adultos con esas preguntas ingenuas qué no radicaban en la materia de las cosas, esas preguntas que Saint Exupéry expresa en su libro y me dejan pensando un buen rato mientras sonrío. Así tal vez se pueda dejar entreabierto el ciclo de la felicidad y de cierta forma irradiarla a la redonda. Tal vez de a poco logremos convertir el pasado en presente y el presente en futuro, tal vez sólo baste con dibujar boas abiertas y boas cerradas.