
William Ernest Henley escribió una vez:
“Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”
Es increíble como se puede hacer un resumen en tan pocas palabras. Justo en estas épocas donde las cosas son más bien complicadas, cuando la gran mayoría de los que vivimos fuera, queremos volver a nuestros hogares y los que no están en ciudades extranjeras igualmente pretenden un momento de paz llamado vacaciones.
El año nuevamente está volando, digo nuevamente porque no es nada fuera de lo común. La vida es tan corta, que cuando queramos recordar que fue lo último que estuvimos haciendo, va a parecer que todo pasó hace más de un año.
Las circunstancias son variadas, se empieza por estudiar e intentar dar lo mejor de sí mientras van fluyendo las pruebas. Así es que a veces ganamos y otras somos derrotados. Es también cuando se va perdiendo noción de los momentos en que somos acompañados por la suerte. No soy muy fanático del azar, pero debo mencionarlo y reconocerlo como un determinante de las consecuencias. Un maldito jugador que influye en cada una de nuestras acciones y que hasta me animaría a describirlo como un modificador del ánimo.
Aún así me tengo, te tengo y nos tenemos. Aunque sea por un instante estamos desenchufados del mundo externo y sólo existe una guitarra y nuestra voz para comenzar una revolución. Un acústico que cuenta de un único tema, un tema que sale a flote, de lo profundo a la superficie, una melodía que te hace oír tus pasos y tu respiración al ritmo de los latidos de tu corazón. Una canción que lleva como emblema, nunca, pero nunca… te des por vencido. Y aunque lo pienses una y otra vez la respuesta tiene que seguir siendo la misma, porque la diferencia entre bueno y excelente es el poder de la voluntad para levantarse. Y si existe dedicación y la meta es clara, lo único que no vas a encontrar son excusas.
“…Por eso es que algunos viven acordándose de dónde vienen y en realidad sólo necesitan saber hacia a dónde van.” José Ingenieros.
Invictus
"Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul."
Autor: Henley, William Ernest.
