Hace un tiempo que no escribía. Las razones no existen, solo algo de holgazanería, pero si hay algo que me impulsó fue haber charlado de las caricaturas que veía cuando era chico. Tantas horas pasé enfrente de la televisión que hasta puedo recordar algún que otro capítulo de memoria, y cuando vuelvo a verlo juego a predecir.
Que dote mágico el de poder recordar, va en ciertas ocasiones sería bueno tener una tecla delete (como la del teclado), y quitar de la memoria ese hecho que nos alborota. Pero por el otro lado nos encontramos con esas cosas que nos robaron mas de una sonrisa, o unas gotas de emoción; en mi caso las tardes que pasaba en la “pelo-pincho” con mi abuelo mientras el me relataba una historia, o también el momento en que le sacaron las rueditas a mi bicicleta de rodado 16 - ¡que chiquita que era!
Quien no recuerda alguno de esos momentos, en que soñábamos con cosas que nos parecían quimeras, y que en un abrir y cerrar de ojos ya se habían esfumado como un objeto de poca importancia, haciendo perdurar todo aquello que en algún momento fue importante, doloroso, sumamente alegre o que en fin produjo un cambio, y como quien dice nos marcó de por vida. Creo que no hay persona alguna, que en un momento de silencio no piense y traiga imágenes (o pedacitos de ellas) de esas realidades que hemos ido pasando, las cuales dependiendo de la situación, nos cambiaron los estados de ánimo.
Últimamente he estado revolviendo las montañas de recuerdos para encontrarme con esos momentos en que verdaderamente era feliz, pero considero que cada quien tiene su definición de dicha palabra, por lo tanto pueden parecer un poco estúpidas las anécdotas que pueda describir. Hay días en los que siento que no puedo encontrar la felicidad por ninguna parte, es como que jugara a ocultase, dejando al descubierto tristeza pero cuando vuelvo para atrás me doy cuenta que solo estaba escondida en un lugar donde yo la pudiera ver, y que quien no se dio cuenta fui yo por no poder mirar más allá de mis dedos.
Concluyendo te invito a que te sientes y recuerdes esas pequeñeces que te hicieron reír, llorar, sufrir, enojar, reflexionar y quien sabe cuantas otras emociones por las que has pasado, y a las felices tenelas bien presente, para esas circunstancias que solo puedas ver la oscuridad dejar asomarse ese rayito de luz por un pequeño orificio.
“…Todo está escondido en la memoria,
Refugio de la vida y de la historia…”