
No existe la medida exacta... y tragás litro y medio de coca con fernet. Siguiendo con esta patología, bebés un Smirnoff con jugo de naranja y tantas otras cosas que hay en la bodega, por lo que al cabo de un rato ya estás mareado. No sabés que decir, o tal vez tengas miedo de que los demás se enteren de tu ebriedad y a pesar de que el camino no es sinuoso tus pasos son enredados y aún así al vaso que llevás en la mano no se le ha caído una gota. Te empujan, te chocan, te golpean y el vaso sigue intacto... todo menos MI vaso, eso es en lo único en que pensás.
No existe la medida exacta y la gente en la farmacia se está pesando, sumando y restando la altura para obtener el índice de masa corporal adecuado. A nadie le importa la imagen, pero todos se preocupan por verse de maravilla antes de cualquier evento. Nadie quiere llamar la atención, pero los vestidos son demasiado cortos y escotados, los trajes brillan y los zapatos son demasiado nuevos como para pasarles un cepillo.
No existe la medida exacta y siempre te estás comparando y a la vez dimensionando por lo que hacen o tienen los demás. Si no lo tenés, no sos. Si lo ves, lo querés y cuando lo tenés ya no lo necesitás.
No existe la medida exacta, sin embargo para cada desequilibrado hay una cantidad precisa de años de cárcel. Abusadores, asesinos, violadores, delincuentes... todos viven la condena, dentro o fuera y nunca sabrás cuál es la peor.
No existe la medida exacta y cada vez pretendés más, ya nada te conforma, nada te satisface, nadie te entiende. Sólo vos y tu silencio el que tu orgullo no te deja romper, no es un silencio común, es ruido exterior y un vacío del otro lado. Un espacio tan amplio que no tiene fondo. La extrañás te extraña pero no... nadie quiere demostrarlo.