
Lenta y penumbrosa mente se aproximaba la noche. Sin mucho que hacer dejé que mis dudas me atosigaran hasta el punto en que todo se revestía del color de un signo de pregunta.
Me preguntaba - entre otras cosas - en que estarías pensando, cual sería la forma de hacerte feliz, hacerte sentir de esa forma que me siento yo cuando estoy a tu lado. Si bien nuestras vidas se encontraron hace tiempo estoy distinto ahora abundan esas ganas de tomar tu mano y aferrarme a ella como si fuera lo último que acariciaría, quisiera abrazarte de tal manera que nunca pierdas el olor de mi perfume, no obstante te besaría para que no olvides el sabor de mi felicidad.
La filosofía me habla de azar y las matemáticas de estadísticas, mientras que mi corazón solo sabe pronunciar la palabra amor. Tu sonrisa elogia mi sentimiento solo la duda me entorpece y el tener que arriesgarlo todo muestra sus colmillos para atemorizarme aún más.
Cierro los ojos y me veo postrado frente a un ventanal donde solo hay calcomanías que forman un pantallazo general de los días de mi vida, busqué la manera de encontrarte nítidamente. Mientras corría desaforadamente imaginaba como ibas a estar vestida, te imaginaba igual que a un colibrí con sus mil y un aleteos tan tangible, pero a su vez inalcanzable. Cuando te encontré (estabas a unos pocos metros) estiré mi mano para alcanzarte pero algo me llevaba hacia atrás, todo se ponía oscuro y mi intento se veía frustrado.
Fue entonces cuando me percaté de mi reloj despertador, me desperté de un solo suspiro, me había quedado dormido y todo había sido un simple sueño...
...Pero encendí la luz y ahí estabas, acurrucada a mi lado.

