Querido amigo,
Es extraño el
cómo de tu partida, surgen ahí nomás muchos por qué y por más que se busquen
respuestas al dolor, nada es lo mismo, se nota la falta de energías o la mezcla
de ellas. Es querer estar viviendo una pesadilla, despertar y que nada haya
pasado, es no querer pensar.
La realidad es
que hoy no estás físicamente, nos sacaron un pedazo del corazón, pero aún así
tenemos la suerte de poder evocar tu sonrisa, tu voz, tu bondad. “Quien ha
sabido vivir no teme morir” una frase que me vino al oído y me pega una
cachetada. Pienso y se me caen unas lágrimas, no sé poner en palabras lo que me
acontece adentro en este momento, pero creo es una mezcla entre la tristeza de
tu ida y la alegría de tener un ángel más en el cielo. Mierda que supiste vivir
y aprendiste tanto más rápido que nosotros, a encontrarle el verdadero valor a
las cosas, a las pequeñas, a las grandes. No puedo acordarme de un malhumor
tuyo, sólo se me vienen a la cabeza imágenes de tu sonrisa ¿Será que es así
como quiero recordarte?
Es un mes largo
diciembre. Se me está haciendo un poco más cuesta arriba que de costumbre, pero
me apoyo en Dios, en nuestra Madre y me saco un poco la mochila, porque me
encuentro acompañado, por ellos por mi abuelo Javier, mi tío Tonito, mi primo Bernardo
y ahora por vos. Que cantidad de personas que quisiera tener acá al lado, para
haberlas disfrutado más, para compartir charlas, discusiones, o el simple
silencio del día a día. Lamentablemente aprendemos a prestar atención cuando es
un poco tarde; y digo un poco tarde porque sé que hoy estás acá y que vas a
acompañarnos bien de cerca, a todos los que te queremos, a tu familia, a tu
novia, a tus hermanos de grupo, a tus amigos. Todos te iremos haciendo
nuevamente un lugar en nuestro corazón, pero esta vez un poco más grande, más
cómodo, más tuyo que nunca.
Hermano ofrezco
mi día a día, mis esfuerzos y mis bajones, mis alegrías, mis sonrisas, mi voz y
este dolor, todo eso lo ofrezco por tu santidad, por la paz – sobre todo para
tu familia. Gracias por haber sido un ejemplo de alianza y de fraternidad.
Unidos en esta
alianza que nunca tendrá fin. Te extraño y te quiero. Te abrazo y acordate de
nosotros, iluminanos para que podamos seguir adelante, para que podamos cumplir
nuestros sueños y por medio de ellos llenarte de regocijo.