26 abril 2008

Distancia




El extrañarte es un hecho, estás tan cerca pero a la vez es demasiado lejos. Sustancialmente aparecen las excusas para volverte a ver y aunque seguramente me avergüence y no sepa como hablarte espero con ansias mirar fijamente tus ojos pardos.

Nuestra confianza y naturalidad agregado a tu sencillez que hace todo más ameno, son la combinación perfecta para una larga velada. Las pequeñeces con las que ríes a carcajadas más los desvelos del estudio, te hacen ver diferente, te veo graciosa, amable, sincera y cuántos otros calificativos podría agregar. A pesar de estar abrumada y detrás de ese escritorio repleto de papeles siempre me llama la atención la forma en la que sonríes. Sin embargo ese tu miedo al futuro, al que dirán que te paraliza y te deja inmóvil balbuceando como una niña.
Entiendo que mi manera de comportarme (y tal vez de ver las cosas) es completamente distinta pero estoy seguro que quiero cuidarte y protegerte sin usurpar tu espacio.
Por más que me esfuerce siempre sabés como va a empezar la oración, donde llevará coma y hasta si va a terminar en un punto y aparte o simplemente continuará...no obstante podrías dejar de ocultar lo que está pasando, dejar de jugar con mi persona y disfrutar de algo que ambos sabemos es indescriptible.

Lo único que quiero es que seas feliz y que tu mayor trabajo sea sonreír basta de preocuparte, basta de hacerte mal tan solo se perfecta.

1 comentario:

Seba Marechal dijo...

Santi:
Estuve buscando tu mail, pero no lo conseguí. Era para enviarte la edición de Regocijo, que es el texto que elegí para que saliera publicado en www.sedcontra.com.ar

Te lo copio acá, para que veas.

Regocijo
Por Santiago Caraballo (18)
Estudiante de Medicina

Tu fotografía en blanco y negro con el hermoso color de tu sonrisa —esa mirada dispersa junto a la palabra precisa—. Tu vestimenta adecuada a cada ocasión y la capacidad de hacer girar a quien en tu camino se encuentre para oler tus pasos, para desear tu cuerpo antes que desaparezcas. Ese apetito insatisfecho causado por tu géminis, simplemente por tu índole incontrolable de mantener el orden en la sutileza del caos.
Tu cuerpo húmedo, desnudo, codiciado por todo el universo —tu cuerpo rendido en mis manos—. La suave melodía de tus movimientos al compás de la música, tu cabello suelto en el pentagrama de la brisa matutina.
¡Mi amor! Necesito de tu alquimia, necesito del calor de tu cuerpo para sentir el placer una vez más.