
Antagónicamente hablamos de la felicidad como un estado anímico de total armonía sentimental, siendo esta un vaivén por el que todos algún momento pasamos, y que generalmente su plazo es efímero; y su retorno puede trascender la vida.
¿Que pasa cuando das lo mejor de vos y no triunfás, a pesar de tu esfuerzo y perseverancia o cuando obtenés lo que querés pero no lo que necesitás? ¿Y cuándo tus ojos lloran por tu cara como si fueran un río, cuándo perdés algo que no podés remplazar, cuándo amás a alguien sabiendo que no te corresponde? ¿Puede haber algo peor?
Sinceramente me está costando bastante ver la felicidad, siento ganas de tocarla y acariciarla como antes pero me es más sencillo ver todo lo negativo y remarcar sobre ello concibiendo una idea un tanto melodramática de lo que es vivir.
Imagínense en una pista de atletismo corriendo sin parar, saltando obstáculos, esquivando las fosas, respirando aires de cambio y libertad, jugándose por arribar a la meta en término sin saber cuanto falta, completamente doloridos, perdidos en una turbulencia, anonadados por un misterioso placer sin lugar de procedencia y fatigados de haber cometido muchos errores. De esa manera es como me siento hoy.
Detrás de esa puerta tapizada de telarañas se esconde, quizá en alguna oportunidad una persona, que se encuentre en el momento justo y en el lugar equivocado pueda abrirla; mientras... prevalece bajo llave.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario