Esta septentrional bebida francesa, tiene todo una historia y un largo proceso de elaboración, tan largo es este que con un amigo lo comparábamos con un encare pero de esos en los que uno la rema como si se encontrara en un pote de dulce de leche. A lo que mi vida acontece puedo recordar cada uno de los brindis de fin de año, ese ruidito sutil del corcho dejando la botella para volar por los aires y descender quien sabe donde; por lo general siempre está la solterona de la familia que por poco no ruega que le caiga encima para especular con el mito del casamiento.
Si nos ponemos a pensar esta bebida une a las personas, siempre hay dos copas - como mínimo - para compartirlo con y como uno más lo desee. Me ha tocado disfrutarlo con alguna mujer y ha sido más que un momento para recordar pues todos conocemos el efecto de las burbujitas. Es más alguna vez alguien escribió que una combinación perfecta sería mezclar un poco de un delicioso chocolate con un champagne añejado, teóricamente el primero libera unas endorfinas en el cuerpo que se traducen en enamoramiento o un síntoma parecido aprovechando entonces unas copas de más para rematar luego con un beso magnífico.
Que más lindo que compartir un buen trago, con alguien especial ya sea un amigo, una mujer, tus viejos, etc. siempre que puedas date el gusto y desenvolvete, expresate y lo más importante se feliz.
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