19 mayo 2007

Ventana orientada al abismo


Como cambian las cosas con un simple parpadeo, uno lo hace inconscientemente y cuando recobra la visión está parado sobre un mundo completamente diferente, del cual no es capaz de recordar siquiera su nombre. Es entonces cuando solo se abre una hendidura y por ese orificio es donde posás tu mirada (por lo general uno nunca ve lo que quiere).

Es en ese momento cuando todo se nubla, te afecta y el corazón late más a prisa preocupado por las cosas que no dijo. Así también, de improvisto, aparecen esas luces que te acogen, te abrazan y te acompañan en tus profundidades. Desprenden alas como mariposas y te sacan de esa fosa que tu mente provocó. Te abrazan y te dan ese empujón caracterizado por ese gesto de dientes blancos en forma de alegría que contrasta de maravilla con el amarillo de su pelo.

Es inevitable el contagio, aunque sean solo segundos, de esa sonrisa que siempre tiene - ¿será que no le agrada la gente que está seria? - con la que yo he aprendido a reír. No solo eso, también hizo que me asomara por esa ventana para que mirara en su misma dirección, aprendí así a llorar riendo.

Simplemente gracias por escucharme y acompañarme.

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