05 marzo 2018

Montaña


 Sensibilizado al extremo, es cuando encuentro la conexión con mi yo más interno. El ego se desmorona y surgen todas las preguntas que alguna vez fueron tapadas con arena. En definitiva muchas de las cuales, ya me venía haciendo y que hasta pensaba estaban respuestas.
Estoy inmerso en muchas luchas, la de la salud pública donde me estremezco cada vez que por una injusta legalidad, se mueren pibas en los pasillos de los hospitales. Que paradoja la justicia de lo injusto. Miro a los maestros y pienso en los míos, que hubiera sido de mis ansias de conocimiento, si no hubiese sido por ellos, que siguieron alimentando mi curiosidad al extremo. Se me refresca la memoria con el fin de la tercera temporada de Merlí. Se me erizó la piel y no pude contenerme, he tenido siempre buena gente enseñándome a crecer.
 Luego me encuentro tratando de seguir fiel a mis emociones y encarar la vida con actitud, constante, no dejando de ser yo mismo en cada momento. Al final, termino chocando varias veces contra la pared, es ahora que entiendo los carnavales, vivir detrás de esas máscaras debe ser mucho más fácil. Me molesta la hipocresía, me duele en lo más profundo. Estar constantemente retado a duelo con esta realidad de los miedos, temiendo a encontrarnos el uno con el otro, para acompañarnos, olvidarnos de las apariencias y de las caretas. Pero hoy es más fácil sucumbir a ese temor y levantar un muro, para no verlo, para vivir del lado de adentro. Maldita sociedad enferma, de la inmediatez, de lo moral y lo correcto. Perdón si hiero con lo que pienso, es que no he aprendido aún a no actuar en consecuencia de lo que siento. No está en mí quedarme quieto, por lo menos no ante esto. Estoy cansado de los juegos, del guión y de los retos. Me preguntaron si no estaré siendo demasiado exigente, si ser exigente es jugarme por lo que siento, buscando ser mi mejor versión todo el tiempo, acompañando procesos, abrazando y sosteniendo...entonces sí y estoy dispuesto a seguirlo siendo.

No hay comentarios.: