29 enero 2016

Paradigmas



Prendió la música...entró en las redes sociales y al diario. Leyó un poco. Radio, cambió la estación, escuchó un poco, se vió reflejado en otra persona, como sí le hubiera visto el alma, se espejó su vida, cargada del sistema, de la rutina. Leyes y normas que, a veces, hasta desorganizan. Se revolvió su cerebro. Agarró la moto, salió a “pistear”, como quién dice -su forma de aclarar ideas-.
Pidió permiso, vendió todo y viajó. Viajó mucho.
Se dió cuenta que no necesitaba más nada. No se necesita mucho para vivir. Algunos le dicen desapego, éxito, felicidad; tiene varios nombres y no es un único tren que pasa en la vida. Hay que elegirlo, hay que animarse. 

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