
Con un dedo toco el borde de tu boca y voy dibujándola como si saliera de mi mente, como si por primera vez se entreabriera para que me adentre en ella. Con soberana libertad la voy trazando y por un azar que no intento comprender coincide con tu sonrisa. Nuestras bocas se encuentran y luchan tibiamente, confundidos y con una respiración profunda vienen otras horas, otro tiempo, viene otra cara mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y silencioso. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de él mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores; y se le pasa el frío si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, te siento temblar contra mi como una oscilación hídrica.
Nada más solemne que un beso, ese estupor y ese ego que acarrea consigo lo convierte en una formidable expresión de gratitud, cariño, amor o como quieras llamarle.
Lo único que deseo notablemente es tenerte a mi lado y degustar nuevamente tus labios.
1 comentario:
Cortazar... es una inspiración constante. Gracias por tanto.
Publicar un comentario